“La libertad, señores (habla Mairena a sus alumnos), es un problema metafísico. Hay, además, el liberalismo, una invención de los ingleses, gran pueblo de marinos, boxeadores e ironistas”.

Juan de Mairena, Antonio Machado

lunes, 23 de mayo de 2011

Arrugas

En frente mi asiento se había sentado un hombre bien entrado en años, como se suele decir eufemísticamente. Este hombre hablaba de historias, cuentos de su vida reflejados en sus expresiones. Cuando su boca reflejaba una risa, su cara hablaba de tristeza, cuando su cara recordaba momentos felices su sonrisa se mostraba melancólica. Es lo que ocurre cuando llevas en tu rostro tu vida tatuada por cordilleras de emociones, es lo que pasa cuando has aprendido a llorar y amar pero nunca has sabido como controlar eso. ¿Cúanto aprendí de aquel hombre? no lo sé aún en realidad, te lo diré cuando sea como él, viejo como el mar, pero siga siendo un niño, expuesto a la marea de las horas en la playa del olvido, jugando a soñar tras recuerdos fracasados y jugando a volverlos a vivir en realidad, uno por uno, arruga tras arruga. 

martes, 17 de mayo de 2011

Chocolates y caramelos

Como cualquier día normal entraban y salían pasajeros, pero aquel día entraron dos hombres trajeados, repartían ideas panfletarias, hablaban de ideas visionarias. Pensé que eran gemelos, el de la izquierda hablaba de lucha de clases desde el salón rico de un palacio rojo trasnochado y el de la derecha hablaba de libertades económicas, del padre bueno y del hijo malo, de elefantes azules y turbantes mojados. Ambos sonrientes, ambos enfrascados en juegos de palabras que no entendían, verborreaban sin cesar sobre libertades augusteas, regímenes perfectos ideados en laboratorios pasados. Se les veía acomplejados, en ocasiones se cruzaban miradas y palabras de desprecio, calculaban el momento de reir y también el de gruñir. Uno de ellos se me acercó y me ofreció la democracia, -una democracia con participación! me dijo. Con lo que le contesté: aquí no existen los discursos desde el púlpito, ni el vagón de primera clase, somos viajeros que no nos aferramos a colores o equipos, conversamos, leemos, escuchamos y cuando podemos soñamos. Pero no necesitamos profetas de corbata enjuta, líderes de sobremesa con pata de palo. Reparte libros, verdades y sueños. Y guárdate tus falacias, no me comprarás con regalos, no quiero más chocolates y caramelos, sólo quiero la verdad, si es que alguna vez existió.

lunes, 16 de mayo de 2011

El eco

El clavo de la cama se había soltado, y se movía a cada paso del tren, no podía dormir. Era como dormir despierto, soñaba con volverlo a ver en su sitio, junto a mí, en esas noches eternas, juntos como si fuéramos uno. Disfrutar de las pequeñas cosas, reírnos de la muerte en su cara, robando tiempo al reloj. La ausencia de la amistad era como la cama sin el clavo, era como un eco sin montaña, la risa caía en saco roto de recuerdos lejanos.
Recuerdo aquel día, tumbados contra el asfalto pobre y frío, cuando nos sentíamos los amos del mundo, aquellas pequeñas cosas eran grandes para nosotros, sin nada que pedir, sin nada que necesitar, solo oír y escuchar, el eco en la montaña, nada más.

martes, 10 de mayo de 2011

El extranjero

El extranjero del tren era un "vagamundo", soñaba siempre con países ajenos. Cada mañana despertaba y no recordaba dónde estaba, eso le fascinaba. Hablaba mil lenguas, pero no de las que se hablan, sino de las que se escuchan. El extranjero andaba, corría y volaba tras las ventanas, siempre se adelantaba al maquinista, soñaba siempre con la próxima parada. Un día le pregunté sobre su país, me dijo que nunca lo había dejado, creí que bromeaba. El extranjero vivía de las historias de otros, porque las hacía suyas. Cuando hablaba ya no sé si contaba historias reales o imaginarias, él las vivía todas. 
Mi país es el tuyo también. Mi país va conmigo, porque mi tierra es el camino. Por eso yo pensaba que tú eras el extranjero, en realidad todos los somos, ¿cuál fue la estación de dónde partí? eso es otra cosa, un día pienso volver, sería un hermoso destino, me dijo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Lluvia






Las gotas de lluvia crearon la vida en el planeta
entonces era una lluvia virgen, 
ahora se estrellan en la ventanilla del tren

Guardan la memoria de años pasados.
La lluvia ha visto crecer y morir la hierba, 
ha caído en montañas de arena, ha moldeado los ríos
ha bailado con los mares, ha dominado el tiempo
ha inundado ciudades donde ha quitado vidas
 y en el bosque las ha dado

Salvaje y primigenia, suave o enfurecida,
sigue siendo la misma lluvia,
la que curó a la tierra quemada
la que fue fuego, vapor y también hielo
en una vida cíclica e inmortal 
cuando lloran las nubes mueren las lágrimas
 lágrimas de felicidad al caer en tu cuerpo. 

domingo, 8 de mayo de 2011

El boulevard

        Sofía y yo hablamos durante horas. El tren se detuvo, tenía que pasar la tarde y la noche en la ciudad. Nos conocíamos hacía poco tiempo y le pedí que me acompañara, ella se sonrió duditativa. Entonces le dije que se imaginara a sí misma veinte años más tarde, casada, que imaginara como se marchitaba su relación y como pensaba en todos aquellos posibles amores que hubiera tenido hace veinte años. Sin que me faltase el descaro, le dije que yo podría ser uno de ellos. Viniendo conmigo hoy, ya no tendrás que preguntarte como hubiera podido ser, le dije. Se rió.
      Nos bajamos juntos del tren, entramos en aquel bar de jazz, admiré sus ojos entre un eterno silencio en aquel bar de la plaza, caminamos hasta el boulevard, allí nos paramos de pie mientras la observaba como un niño que mira su regalo de Navidad, recuerdo que su sonrisa me desvelaba historias sin contar. Aquel beso duró unos segundos, pero aún puedo sentirlo. Volvimos a la estación cuando el sol salió rasgando los tejados de los edificios. 
    Recordaré siempre aquel boulevard dónde dejamos el corazón pinchado y los ojos cerrados dueños de nuestros sueños. 

sábado, 7 de mayo de 2011

Nube de electrones

         Aquel era un tren viejo como el recuerdo, tenía ventanas que escondían secretos mal guardados, me asomé una tarde por la cafetería, y allí sentado tras los cristales en movimiento bañados por una sinfonía de agua desbocada, escuché unas notas de música. Eran unas notas pesadas que comenzaban a bailar mirando a todos lados. Aquella música se sucedía como una montaña en movimiento, era como si dos melodías lucharan por la supremacía. De pronto, la cadencia contenida se paseaba recreándose con notas pausadas que hablaban desde las entrañas, nunca había escuchado algo tan bello. La melodía iba subiendo conteniendo la emoción, podía ver con claridad recuerdos de melancolía arrastrados por los sentimientos más mundanos. La fuerza de aquel concierto de piano te arrastraba por rincones que nunca había imaginado conocer, se preparaba sin miedo para alardes de grandeza con una sencillez que ofendía a la ciencia. 
         Mientras tanto, leía un libro viejo y mugriento sobre la teoría del átomo, leía que la mayor parte del átomo son vibraciones, y que alrededor del núcleo existe una nube de electrones. Aquella música era como mi nube de electrones que me mantenía atado al mundo, vibraciones que te hacían sentir el tacto frío de la mesa o saborear la realidad y el recuerdo de la última calada que le dí al cigarrillo, convirtiéndolo en algo poético, más de lo que es en realidad, aunque la diferencia entre realidad, ciencia o ficción, en este momento no me importe mucho.

viernes, 6 de mayo de 2011

Esta noche las calles son nuestras

Hey Vladek, ¿cómo vas?- le dije.
 ¿Has visto las piedras? El viajero se crea a sí mismo. Va en su búsqueda, atento. No intentes escapar de tu mente, hay quién dirá que estás distraído, hay quién creerá que no lo escuchas y otros que no los entiendes. Sigue allí y escucha el latir de tu corazón, si escuchas bien verás como acompañará tus pasos, dijo él. 
¿Qué piedras? pregunté.
Allí lejos, bajo el sol decadente, o bajo la luna brillante verás piedras que te estorban el camino. No creas que son diferentes a otras, todas son iguales, todas cumplen su destino, ser ellas mismas. Y tú con ellas, aprender. Un paso a izquierda o o la derecha, atrás o parado contemplando el cielo, cada piedra te enseñará cuál es tu camino, no las desprecies, pues sin ellas no serías tú. Y cuando dibujes en tu cara una sonrisa al tenerlas en tu recuerdo, entonces hallarás tu camino y estarás más cerca del Unicornio amigo. El tren ha parado, esta noche  las calles son nuestras, vamos a dar una vuelta. 

miércoles, 4 de mayo de 2011

Insomnio




Aquella tarde era fría como el sabor de los cristales bajo la oscuridad. No podía dormir. Me levanté y dí unos pasos por la oscuridad. Entonces la vi, de pié bajo una luz tenue, hablamos del viaje, y entonces salimos a pasear por un pasillo interminable que no tenía fin. Vimos el paisaje enrojecerse antes de que sol se despidiera de nosotros, subimos las escaleras del recuerdo pensando en viajar a lugares ya olvidados. Dicen que Morpheo batía las alas rápida y silenciosamente, permitiéndole ir volando velozmente a cualquier rincón de la Tierra. Así se encargaba de inducir los sueños de quienes dormían y de adoptar una apariencia humana para aparecer en ellos, pues yo creo que Morpheo sentía celos de mí por no se acercó a mí cuando yo estaba con ella. Nos sentamos en la cafetería del tren, éramos como dos vagabundos sin nada que pedir, sin nada que necesitar. Por un momento pensé en el Unicornio, pero se esfumó de mi mente tal y como vino. Ya, a altas horas de la noche, el insomnio se había vuelto mi almohada, tenía una copa de vino, un cigarillo y su compañía, no necesitaba nada más, ¿así quién necesita soñar?

martes, 3 de mayo de 2011

El joven viejo y el viejo joven

Sentado en el vagón del tren, estaba degustando un vaso de vino barato. El sabor se clavaba como una espina en la memoria, le iba cogiendo el gusto..tras el segundo trago sabía mejor. En frente se había sentado un joven que hablaba de sables y utopías(1). Hablaba de sueños sin retorno, de noches sin luna, de acantilados sin fondo, de una tierra yerma de amores fraternos, sonaba muy triste. Y de repente recordé aquello que escuché una vez en boca de un viejo que era joven. Éste hablaba de esperanza, hablaba de cruzar ríos, de subir montañas, de comer más helados y menos habas(2). Hablaba de desterrar los viejos fantasmas del pasado, de levantar el puño y soñar en noches con luna, volar en acantilados junto al océano radiante dónde su pueblo se bañaba. Hablaba de amores fraternos.
 Y pensé cuán viejo era este joven, y qué desgracia de su vida cuando se dé cuenta que la vida empieza cuando comienza la esperanza.



(1) VARGAS LLOSA, M. : Sables y Utopías
(2) de José Luis Borges
Imagen de la película "Into the Wild"

lunes, 2 de mayo de 2011

El Unicornio

          Llevaba horas sentado y me levanté para estirar las piernas. Anduve por el pasillo del tren y entonces lo vi cruzar por la puerta del vagón, se acercó y me pidió fuego para encender su cigarro, ¿ fumas? me preguntó. Lo siento, sólo tengo tabaco de liar, no fumo esa basura de tabaco industrial, dijo antes de que yo contestara. Me liaré uno, gracias, le dije. ¿Cuál es tu Unicornio? me preguntó, con una mueca medio burlona. ¿Unicornio?, dije.
- Si hombre, todos tenemos uno. La diferencia es si lo estás buscando o no,   la mayoría de la gente no lo busca, tienen dormido aquel sentido. Todo se reduce a una simple elección. Todo el mundo no está dispuesto a elegir. .
- ¿A que te refieres exactamente?, le pregunté.
- Los Unicornios poseen el poder de esclavizarte en su búsqueda. Yo mismo soy esclavo del mío. La cuestión es, cuál es el tuyo. Si merece la pena sólo lo sabrás tú, pero ni siquiera esa es una afirmación creíble. En serio, no puedes creer en nada, el lenguaje es engañoso, la verdad puede ser una mentira consensuada*. Lo único que importa es el viaje y la búsqueda que ello comporta. La pregunta es ¿quieres ser realmente un esclavo? realmente, no me importa, no me lo digas- me dijo con descaro, y soltó una carcajada.
- Te ríes, pero dices que tu mismo eres esclavo de tu Unicornio, le dije.
- Si, pero al menos soy consciente de ello, tuve el valor de elegir.
- ¿Tú lo tienes?  Mi Unicornio tiene nombre de mujer, me dijo antes de decirle nada. 
-  Encantado de conocerte, nos veremos por aquí, me dijo. Y se fue fumando por el pasillo del tren. Antes de   abrir la puerta del siguiente vagón, se volvió y dijo con una sonrisa: soy Vladek.


(*) Ver, NIETZSCHE, F.: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

domingo, 1 de mayo de 2011

El deshielo


video

Tras las ventanas del tren aparecía el deshielo tras el invierno. Allí estaba Sofía, la encontré entre recuerdos de espinas y rosas. Alzada como una estatua entre los pasajeros. La contemplé durante horas antes de atreverme a compartir su aliento. Como siempre pasa, las altas horas de madrugada turban el sentido común. Un dulce desafío que hizo temblar los cristales de la ventana indiscreta. Por la mañana, en la próxima estación salimos contemplando el andén, a la mañana siguiente volvería al tren y nada de esto quedaría en el olvido. Aún estábamos acostumbrados al ritmo acelerado del tren, todo iba muy deprisa, tampoco hicimos nada por detenerlo. Aún lo recuerdo, contemplándolo todo como si fuéramos una pareja de amantes, a pesar de lo inocente, a pesar de lo precario y de lo inoportuno, fue inevitable. Aquel beso fue como el deshielo de un glaciar, así lo recuerdo al menos.
(Video from, Before Sunset, Richard Linklater, 1995.)
(Music from, Into the Wild Soundtrack, "Guaranteed", Eddie Webber, 2008)