“La libertad, señores (habla Mairena a sus alumnos), es un problema metafísico. Hay, además, el liberalismo, una invención de los ingleses, gran pueblo de marinos, boxeadores e ironistas”.

Juan de Mairena, Antonio Machado

sábado, 26 de enero de 2013

El Niño Perdido


El tren se detuvo largo tiempo, los relojes se pararon hasta el momento en que las aves emprendieron el vuelo hacia el sur. Entonces, un destello tras la ventanilla del compartimento donde viajaba me hizo despertar de mi largo sueño. Por encima de las gentes brillaban las risas y los llantos, llegaban nítidos los susurros de imaginación, que como notas musicales me perseguían en una noche de insomnio.
Entonces los vi; cuerpos de adultos que se movían por impulsos olvidados. Algunos subían al tren, otros esperaban. Aquella espera era la codicia de muchos que habían renunciado a sus sueños. Cuerpos trajeados bailoteaban un valse enfangado por la avaricia y las convenciones sociales. Entonces el pasajero que se sentaba al frente mío, al levantar su diario me mostró involuntariamente la noticia de un niño desaparecido. El periódico mostraba una cara inerte, de un niño de unos 6 años de edad, su mirada mostraba el reflejo de la tristeza. ¿Era la mejor fotografía del infante que sus progenitores podrían anunciar en la prensa?
Aquello me revolvió de mi asiento, de un salto me levanté y salí al pasillo del tren a caminar. Allí, tras las ventanas seguía la muchedumbre en marcha fúnebre, o al menos, eso a mí me pareció en aquel instante. Lo más lúgubre de aquello era pensar que aquellas figuras que ahora se expresaban como maniquíes que intentaban vender cualquier cosa, antes habían sido niños. ¿Acaso alguno volvería a soñar con ver crecer la hierba en los campos baldíos de su infancia?, ¿Recordarán con amargura el dolor de la enemistad recién fundada? ¿Se estremecerían como con el roce del primer amor? ¿Volverían a bailar en la oscuridad de la noche, confundidos en sueños de esperanza? ¿Acaso correrían descalzos tras el `pájaro de la ignorancia, sin reglas, sin convicciones infundadas por banales deseos de enmascarar la tristeza, el llanto o la risa?
Estaban perdidos, como aquel niño del periódico, muchos habían olvidado como volver a ser felices, la mayoría no sabía cómo regresar. En algún momento de mi viaje, yo me sentí igual, pero al menos, cuando no me queda otra cosa, intento tener los sueños de un niño.

viernes, 26 de agosto de 2011

Un expresso por favor

Bajando del tren en aquella estación lejana entré en la ciudad dónde los colores pasan raudos buscando un recuerdo de lo que fueron. Caminé por aquellas calles de aire colonial, manchadas de manos que clamaban justicia por pasados y presentes fracasados. Ciudad viva en todas sus esquinas, dónde hasta el medio muerto tenía algo que decir. Voces de protesta sumergidas, ahogadas por la indiferencia y  que no sabiendo nadar por aquel mar de globalidades gritaban por sus derechos malogrados. En aquella ciudad, en una esquina encontré el Café de París, burbuja cultural que viajaba a la memoria del viejo mundo, dónde un mate de coca cuesta el doble que en otro lugar, dónde la música suena a Joaquin y a Serrat, y un expresso cuesta igual que en los demás bares, una balanza justamente desequilibrada para que los que no degustan el café colonial se queden en las plazas orando y buscando resquicios de debilidad entre las corazas de la burocracia dominante. A un paso entre la nostalgia y la esperanza pedí al camarero: un expresso por favor- y después un mate de coca para quitar el mal sabor-.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Imperfecciones

Con una representación de baile y una chica en la memoria y acostado en el asiento del tren contemplaba signos de belleza en rincones maduros de experiencia, pero había también bailarinas y cortadillos exponenciales que mostraban sus artes aprendidas, verdes en todo caso, exacerbando sus dotes, se mostraban alegres, impetuosos, y un técnico en arte diría que estuviera sobrevalorado, yo diría que aquella muchacha exageraba sus dotes de impaciencia con una gracia natural que hacía de lo imaginado un lenguaje. No quisiera yo llegar al culmen supremo de lo perfecto, existiendo matices que muestran el arte de lo imperfecto. Cuando por no quererlo y más sentirlo una pincelada de más redunda en impresionismo, cuando un acorde de menos resulta romanticismo, cuando la inmortalidad se vuelve belleza en un instante, sólo por ser efímero entonces resultó algo real. ¿ Fue el amor algo real? que más da, fue algo efímero, lo que importa es que fuera veraz y valiente, mirando a los ojos a la muerte, sabiendo que lo que vivió sirvió para algo.
 

lunes, 23 de mayo de 2011

Arrugas

En frente mi asiento se había sentado un hombre bien entrado en años, como se suele decir eufemísticamente. Este hombre hablaba de historias, cuentos de su vida reflejados en sus expresiones. Cuando su boca reflejaba una risa, su cara hablaba de tristeza, cuando su cara recordaba momentos felices su sonrisa se mostraba melancólica. Es lo que ocurre cuando llevas en tu rostro tu vida tatuada por cordilleras de emociones, es lo que pasa cuando has aprendido a llorar y amar pero nunca has sabido como controlar eso. ¿Cúanto aprendí de aquel hombre? no lo sé aún en realidad, te lo diré cuando sea como él, viejo como el mar, pero siga siendo un niño, expuesto a la marea de las horas en la playa del olvido, jugando a soñar tras recuerdos fracasados y jugando a volverlos a vivir en realidad, uno por uno, arruga tras arruga. 

martes, 17 de mayo de 2011

Chocolates y caramelos

Como cualquier día normal entraban y salían pasajeros, pero aquel día entraron dos hombres trajeados, repartían ideas panfletarias, hablaban de ideas visionarias. Pensé que eran gemelos, el de la izquierda hablaba de lucha de clases desde el salón rico de un palacio rojo trasnochado y el de la derecha hablaba de libertades económicas, del padre bueno y del hijo malo, de elefantes azules y turbantes mojados. Ambos sonrientes, ambos enfrascados en juegos de palabras que no entendían, verborreaban sin cesar sobre libertades augusteas, regímenes perfectos ideados en laboratorios pasados. Se les veía acomplejados, en ocasiones se cruzaban miradas y palabras de desprecio, calculaban el momento de reir y también el de gruñir. Uno de ellos se me acercó y me ofreció la democracia, -una democracia con participación! me dijo. Con lo que le contesté: aquí no existen los discursos desde el púlpito, ni el vagón de primera clase, somos viajeros que no nos aferramos a colores o equipos, conversamos, leemos, escuchamos y cuando podemos soñamos. Pero no necesitamos profetas de corbata enjuta, líderes de sobremesa con pata de palo. Reparte libros, verdades y sueños. Y guárdate tus falacias, no me comprarás con regalos, no quiero más chocolates y caramelos, sólo quiero la verdad, si es que alguna vez existió.

lunes, 16 de mayo de 2011

El eco

El clavo de la cama se había soltado, y se movía a cada paso del tren, no podía dormir. Era como dormir despierto, soñaba con volverlo a ver en su sitio, junto a mí, en esas noches eternas, juntos como si fuéramos uno. Disfrutar de las pequeñas cosas, reírnos de la muerte en su cara, robando tiempo al reloj. La ausencia de la amistad era como la cama sin el clavo, era como un eco sin montaña, la risa caía en saco roto de recuerdos lejanos.
Recuerdo aquel día, tumbados contra el asfalto pobre y frío, cuando nos sentíamos los amos del mundo, aquellas pequeñas cosas eran grandes para nosotros, sin nada que pedir, sin nada que necesitar, solo oír y escuchar, el eco en la montaña, nada más.

martes, 10 de mayo de 2011

El extranjero

El extranjero del tren era un "vagamundo", soñaba siempre con países ajenos. Cada mañana despertaba y no recordaba dónde estaba, eso le fascinaba. Hablaba mil lenguas, pero no de las que se hablan, sino de las que se escuchan. El extranjero andaba, corría y volaba tras las ventanas, siempre se adelantaba al maquinista, soñaba siempre con la próxima parada. Un día le pregunté sobre su país, me dijo que nunca lo había dejado, creí que bromeaba. El extranjero vivía de las historias de otros, porque las hacía suyas. Cuando hablaba ya no sé si contaba historias reales o imaginarias, él las vivía todas. 
Mi país es el tuyo también. Mi país va conmigo, porque mi tierra es el camino. Por eso yo pensaba que tú eras el extranjero, en realidad todos los somos, ¿cuál fue la estación de dónde partí? eso es otra cosa, un día pienso volver, sería un hermoso destino, me dijo.